Haber, porqué seguir girando, girando, noche tras noche, entre las sabanas y los insomnios que son disimulados con una televisión en silencio. ¿Porqué?, quizás por la pobre comprensión de que al momento de decidir, gran parte de ellas las he hecho, como si fuera mi propio enemigo. O sea para decirlo claro, siempre he decidido mal. Y todo tiene un costo, que no quiere decir que se "paga", como si ese pagar fuera un castigo. No, no, no me siento castigado. Sólo la desesperación de la soledad, la perspectiva de poder ver en el panorama general de la desesperanza, de no encontrar cortos espacios en el tiempo en que todo fluya. Esa sensación de correr sobre una terraza y lanzarse al vacío sabiendo que de allí no hay más vuelta atrás. Y si, nunca esa extremidad se concreta, pero a la larga tiene la misma profundidad de la herida que significa caer y quedar como una mancha infame sobre el fondo. Y además uno sigue viendo la herida, sigue sufriendo, y sigue frustrado por no haber tenido la valentía de la cobardía de poder tomar la decisión, ¿porqué?, porque siempre he tomado malas decisiones en encontrar a quien confiar mi niño triste, que aún no me ha abandonado. Solo he podido partir desnudo, con pánico por mirar atrás, porque el amor dejado ya me ha abandonado

No hay comentarios:
Publicar un comentario