jueves, diciembre 30, 2010

SUEÑO



Tamara de Limpicka/La Belle Rafaella

Cuando toqué con mis manos la tierra, un frio de tiempo recorrió mis venas, mientras obnubilaba mis sentidos, el silencio era abrumador, y como un ciego, al tacto fui avanzando, no tenía miedo, el olor que me envolvía era dulce y agradable, mis manos sentían una humedad suave, que hacía que ellas siguieran avanzando buscando lo próximo.
Comencé a reconocer algunas formas y mi instinto me llevó a abrir los ojos, pero no puede, una fuerza inexplicable me lo impedía. Fue entonces cuando recordé un viejo juego de la infancia, en que con los ojos vendados recorría la casa adivinando que era cada obstáculo que se me presentaba. Y así lo hice.
El primer recorrido fue largo, siempre húmedo, recorría curvas y firmezas, hasta un lugar mas suave aún,  blando quizás que hizo que notara un corto pero intenso temblor.
Allí me desorienté, porque toda esa humedad y suavidad que venía recorriendo se convirtió en algo áspero y enmarañado, carnoso y el temblor fue intenso.
Decidí no continuar, y busqué con la otra mano lo que pensaba que era más arriba, allí volvía a la antigua humedad y en la suavidad recuperada me encontré con una amplia meseta que ondulaba de acuerdo a mi presión, inmediatamente un pequeño orificio me obligo a salir de allí y seguir.
La suavidad era más suave aún, esponjosa, redondeada, elevada, encumbrada con un círculo accidentado y sensible que impidió seguir con este juego.
Con miedo, y desesperado me esforcé por abrir los ojos y como si nunca hubiera tenido esa presión los abrí. Sorprendiéndome de verte desnuda recostada sobre el pasto.
Entonces me di vuelta y volvía al principio de este sueño que había surgido de solo tocar un puñado de tierra.    

miércoles, diciembre 29, 2010

ENCUENTRO

Amadeo Modigliani/Desnudo acostado 2


Muchos días pasé caminando por las calles, intentando verte entre la gente, buscaba casi con desesperación, buscaba y buscaba.
El tiempo me llevó a seguir mirando, buscando pero sin sistematización, es decir cada vez que estaba en la calle, en un cine, en un teatro, en un recital, buscaba, buscaba.
Un mañana de esas de trabajo, en un colectivo, creí que quien estaba sentada mirando por la ventanilla eras vos, te miré fijo, pero no respondiste, años después me di cuenta que no eras vos.
Así pasaba los días, los meses, los años, y siempre buscándote.
Un día y como verás no de casualidad, encontré a alguien que te conocía, y me contó de tu vida, la tristeza me embargo, y desde allí casi como un acto de rebeldía, intenté en construir mi vida, si mi propia vida, total vos ya habías construido la tuya.
Desde ahora en adelante ya no te buscaba, sino pispeaba, disimuladamente, por las dudas.
 En esas caminatas por la ciudad escuche mi nombre pronunciado por alguien que conocía desde lo más profundo mi alma. Eras vos. Si vos, que me habías reconocido. Y fue justo en ese segundo cuando me di cuenta que todas esas personas que había visto por años creyendo que eras vos, no lo eran, y cuanto me alegré.
El destino ese destino cruel, arbitrario, sutil y quisquilloso, me había puesto de nuevo en tu camino, esta vez no lo desaprovecharía.
Y así fue, de nuevo las charlas de café, escuchar música, ir al cine, reírnos, y casi tímidamente apoyar nuestros cuerpos sintiendo esa tibieza que solo amor puede dar.
Así fue que esa tibieza se convirtió en fuego y el camino se fundió, otra vez en la pasión, el amor, y la necesidad de complementarnos.
Pero siguiendo los principios de la naturaleza, tanta pasión, tanto calor hizo que nos fundiéramos rápidamente, o quizás fue tanto el amor que nos lo gastamos como chicos con una moneda, en el instante.
Otra vez te ando buscando y esta vez juro que no bajaré más la vista, que siempre miraré para arriba, porque hoy ya sé que no te perderé más.

martes, diciembre 28, 2010

TE VOY A BUSCAR

Alexandre Cabanel: Nymph abducte by a faun (1860)



Y de pronto esa mañana cuando desperté tu cuerpo no estaba al lado del mío. Me costó darme cuenta que ayer sentados frente a frente con la mesa y un mate de testigos me dijiste, esto no sigue más.
Siempre me pregunté, que se sentirá cuando alguien te clava un cuchillo en las carnes indefensas, ayer lo sentí, primero fue un frío, después un espasmo y un reflejo de encorvarme, más tarde sin dolor, si algo de ardor, el asombro, la incomprensión, la sorpresa, la estupidez de pensar que todo estaba bien.
No sé quizás el carácter, quizás la educación, pero no reaccioné, hasta hoy por la mañana en que me di cuenta que no estabas a mi lado al despertar.
Nadie me había enseñado a perder y todavía no he podido aprender.