Jualia Margaret Cameron-Beatrice (1866)
Cuando Dante Aligheri El Poeta Supremo de las letras clásicas escribió La Divina Comedia no
pudo dejar de plasmar, lo que todo escritor por mas supremo que sea,
cae, y cae, una y otra vez, su propia experiencia, su propia visión del
mundo, sus propios amores, y sus propios odios. El en la visión de su tiempo describió a una mujer que amaba: Beatrice. Ella simbolizaba FE. Y nunca mejor nombre y responsabilidad para una mujer, la FE en la humanidad (amor incondicional); FE en perservar la especie (amor filial). Cada Beatriz (en español) lleva el estigma de la FE.
Desde el primer día que la vi, detras de un escritorio, seria, circunspecta, iluminando el cuarto con su melena de fuego y sus ojos de mar, sentí que lo visto hasta el momento era digno de olvidar. Sin embargo, quien podía alcanzar lo que ya había sido alcanzando. Quien podía soñar con quien ya había soñado, quien podía atreverse a besar a quien ya había sido besada. Y no porque quisiera amar a un doncella virginal, sino porque ella tenía un aura especial: La FE en el amor. Y el amor ya había penetrado en su ser, otro amor, sería inapropiado.
El escritorio seguía allí, y las visitas también junto a luz propia de esa mujer, era como estar frente a un pequeño arroyo susurrante, fresco y cristalino, casi diría que era amor, pero imposible, entonces eso lo convertía en amor más deseable.
Lentamente los ojos fueron bajando, y no de debilidad, sino de pudor, entonces, los sonidos comenzaron a convertirse en palabras claves, que hablaban de que lo alcanzado se había dejado de alcanzar, que lo soñado ya no eran sueños, y que los besos ya estaban guardados junto a los estuches de las alianzas.
El escritorio seguía alli, pero la luz se había apagado, y las visitas totalmente abandonadas, como un presagio la FE, se había disipado. Herejes lo que se atrevían a decirse que se amaban, a pesar de que todo ya se había consumado.
El tiempo cobró lo que tenía que cobrar, y los senderos intrincados del amor en alguna sombra solitaria se cruzaron, sin saber que a los pocos metros se bifurcaban en sentidos contrarios, entonces, se perdió la FE.
Ya no había escritorios, ni luces, ni palabras, ni caricias, ni encuentros, ya no había nada, sólo quedaba para la humanidad la esperanza que la FE, algún día volviera a iluminar con su melena de fuego y sus ojos de mar algun rincón del planeta y los ojos de quien la amaba vieran en el resplandor y hasta allí cansadamente dirigiera sus pies para ver si esa era su FE.
En las antípodas de Dante, y con palabras usadas hasta la vulgaridad, en amante en busca del sueño que otros habían soñados, ubico la luz, como un fueguito guiador.
La promesa fue fuerte, la promesa fue defender la FE, hacerse de la FE, amar a la FE...
Pero las mujeres que tienen el nombre de las representantes de la FE, no pueden dejar la responsabilidad de cuidar la FE. Pues siguen con el amor incondicional y el amor filial, a pesar de que el amor ya no fuera amor, los sueños ya no fueran sueños, y los besos ya no fueran ni huellas en las puntas de los dedos, solo eran eso responsables de la FE.
Todo quedó como una luz titilante, que muestra por segundos la claridad y despues es oscuridad.
Desde el primer día que la vi, detras de un escritorio, seria, circunspecta, iluminando el cuarto con su melena de fuego y sus ojos de mar, sentí que lo visto hasta el momento era digno de olvidar. Sin embargo, quien podía alcanzar lo que ya había sido alcanzando. Quien podía soñar con quien ya había soñado, quien podía atreverse a besar a quien ya había sido besada. Y no porque quisiera amar a un doncella virginal, sino porque ella tenía un aura especial: La FE en el amor. Y el amor ya había penetrado en su ser, otro amor, sería inapropiado.
El escritorio seguía allí, y las visitas también junto a luz propia de esa mujer, era como estar frente a un pequeño arroyo susurrante, fresco y cristalino, casi diría que era amor, pero imposible, entonces eso lo convertía en amor más deseable.
Lentamente los ojos fueron bajando, y no de debilidad, sino de pudor, entonces, los sonidos comenzaron a convertirse en palabras claves, que hablaban de que lo alcanzado se había dejado de alcanzar, que lo soñado ya no eran sueños, y que los besos ya estaban guardados junto a los estuches de las alianzas.
El escritorio seguía alli, pero la luz se había apagado, y las visitas totalmente abandonadas, como un presagio la FE, se había disipado. Herejes lo que se atrevían a decirse que se amaban, a pesar de que todo ya se había consumado.
El tiempo cobró lo que tenía que cobrar, y los senderos intrincados del amor en alguna sombra solitaria se cruzaron, sin saber que a los pocos metros se bifurcaban en sentidos contrarios, entonces, se perdió la FE.
Ya no había escritorios, ni luces, ni palabras, ni caricias, ni encuentros, ya no había nada, sólo quedaba para la humanidad la esperanza que la FE, algún día volviera a iluminar con su melena de fuego y sus ojos de mar algun rincón del planeta y los ojos de quien la amaba vieran en el resplandor y hasta allí cansadamente dirigiera sus pies para ver si esa era su FE.
En las antípodas de Dante, y con palabras usadas hasta la vulgaridad, en amante en busca del sueño que otros habían soñados, ubico la luz, como un fueguito guiador.
La promesa fue fuerte, la promesa fue defender la FE, hacerse de la FE, amar a la FE...
Pero las mujeres que tienen el nombre de las representantes de la FE, no pueden dejar la responsabilidad de cuidar la FE. Pues siguen con el amor incondicional y el amor filial, a pesar de que el amor ya no fuera amor, los sueños ya no fueran sueños, y los besos ya no fueran ni huellas en las puntas de los dedos, solo eran eso responsables de la FE.
Todo quedó como una luz titilante, que muestra por segundos la claridad y despues es oscuridad.

